Todo se desmorona

Chinua Achebe

Novela 

Reseñado por Litteratum

 

En la aldea Nigeriana de Umuofia, habita Unoka, un sujeto despreocupado y perezoso que gusta de tocar la flauta y vivir de prestado, acumulando deudas que jamás pagará. La dejadez de Umofia contribuirá indirectamente a forjar el carácter de su hijo Okonkwo, quien consigue forjarse un futuro a fuerza de voluntad y trabajo. Su fama se extendió por las aldeas vecinas cuando venció en un encuentro de lucha al gato Amalinze, así apodado porque su espalda nunca tocó la tierra. Veinte años después de aquel encuentro, Okonkwo se ha transformado en un importante líder en su aldea, poseedor de un par de granjas, tres esposas y varios hijos. Su aspecto fornido y duro carácter complementan su buen desempeño en las guerras tribales, donde ha obtenido cinco cabezas humanas. El destino de Okonkwo cambia súbitamente cuando una mujer de Umofia muere asesinada en una aldea vecina. Okonkwo es elegido para exigir una compensación y en efecto, regresa acompañado de una mujer que será entregada al esposo de la víctima y un adolescente llamado Ikemefuna que ahora le pertenece al clan. Los mayores de la aldea deciden que Okonkwo se haga cargo de él y así, la corta edad del prisionero permite que su pasado se desdibuje paulatinamente, cediendo a un estrecho vínculo afectivo hacia su nueva familia, particularmente Okonkwo. Éste, siempre temeroso de parecer débil como su padre, rige a su familia con mano de hierro, pero en el fondo siente un gran afecto por el pequeño.

Tres años han transcurrido desde que Ikemefuna llegó a la aldea cuando el oráculo de las cuevas señala el triste destino del prisionero: deberá ser sacrificado. Un pequeño grupo de hombres se reúne para conducir a la víctima fuera de la aldea. Se le ha dicho que volverá a su hogar y Okonkwo forma parte de la comitiva. En el camino, uno de los hombres descarga un golpe de machete en el joven, que aún es capaz de correr hacia Okonkwo, buscando protección. Pero éste, siempre temeroso de mostrarse débil, emplea su propio machete para terminar con la vida de Ikemefuna.

Tiempo después, una gran multitud se reúne en el funeral de Ezedu, uno de los hombres más ancianos e importantes del clan. El entrechocar de machetes, batir de tambores y disparo de armas de fuego forman parte del ritual. Accidentalmente, el arma de Okonkwo explota y uno de los fragmentos atraviesa el corazón de uno de los hijos de Ezedu. Según las leyes del clan, Okonkwo debe ausentarse durante un periodo de 7 años y así, Okonkwo y su familia parten a Mbanta, la aldea de su familia materna.  Durante esos años de ausencia, misioneros europeos han llegado a la región propagando el evangelio. Los aldeanos consideran que sus creencias son absurdas y se ofenden cuando son acusados de rendir culto a simples efigies de madera y piedra. En consecuencia, cuando los misioneros solicitan un sitio para instalarse, el clan les asigna una porción del bosque dominado por espíritus malignos, asumiendo que no podrán sobrevivir más allá de unos cuantos días. Su mera supervivencia consigue ganarles varios adeptos, entre los que se cuenta Nwoye, uno de los hijos de Okonkwo.

La presencia de los misioneros va acompañada de un gobierno colonial, cuyas cárceles comienzan a abarrotarse con gente que ha violado la ley impuesta por los invasores. El cambio ha sido tan profundo que el regreso de Okonkwo a su natal Umofia prácticamente pasa desapercibido. Cuando el reverendo a cargo de la misión es sustituido por un colega más radical, las confrontaciones con el sector no-cristiano alcanzan un punto álgido. Uno de los mayores es desposeído de su máscara, un acto sin precedentes que equivale al asesinato de un espíritu ancestral. En consecuencia, una muchedumbre de indignados aldeanos destruye el templo y en pocos días, los líderes de Umofia son capturados por la autoridad colonial. Esposados, azotados y encarcelados por varios días, no consiguen recuperar su libertad hasta que el importe de una fuerte multa es asegurado. Enfurecido y humillado, Okonkwo decide tomar venganza. Al día siguiente se convoca a una gran reunión en la aldea, donde se decidirá cómo proceder. Okonkwo está preparado a declarar la guerra y mientras estos asuntos se discuten, mensajeros del gobierno colonial se acercan, intentando disolver la reunión. Okonkwo empuña su machete para descargar un par de golpes sobre uno de los representantes, cuya cabeza queda desprendida del cuerpo. Por la forma en que la muchedumbre se dispersa y permite escapar a los demás mensajeros, Okonkwo comprende que la guerra no será declarada. Cuando el comisionado y un grupo de soldados llegan a la aldea, encuentran su cuerpo colgado de un árbol. El suicidio es considerado una abominación y con este último acto, Okonkwo concluye la prolongada caída desde su otrora encumbrada posición social.

Todo se desmorona es considerada la obra cumbre de Achebe y se ha convertido en un referente de la literatura moderna Africana. Ofrece una poco común perspectiva de una cultura que a pesar de su evidente retraso tecnológico y de hallarse sumergida en la superstición, es también poseedora de una moral y sabiduría profundas que sustentan una sociedad que vive en armonía con su entorno. Así, la llegada de los europeos es percibida como una imposición cultural que elimina de un golpe, costumbres y tradiciones milenarias. Por otra parte, Okonkwo es el prototipo del héroe clásico que consigue destacar por mérito propio, pero que no puede escapar a los reveses del destino. Su caída está marcada en los trazos de la irrupción colonialista y en su obsesivo empeño por evitar todo aquello que pueda ser interpretado como debilidad. Por ello, no dudará en eliminar al representante de la autoridad colonial, ni al muchacho que ha aprendido a querer como a su propio hijo, sin notar que dichos actos se revertirán en su contra, apresurando su propia destrucción.

 

 

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