Tambores tocando la vida

Jorge Andere, Agustín Fernández

Fragmento 

Una tarde lluviosa del mes de agosto, en alguno de los restaurantes de la Condesa, conversaba con Agustín y Jorge como lo hacen los amigos que se reúnen de tanto en tanto, contamos chistes, hablamos de política, problemas del país, deportes, cine, de las experiencias de consultoría, de libros… y ambos me comentan: “estamos escribiendo un libro y queremos que tú escribas el prólogo”. Sorprendido, pregunté “¿a qué debo el honor?” No hubo respuesta, solo reafirmación, “sí, lo vas a escribir tú”. Entre amigos de muchos, muchos años, puede uno pedir lo que parece un favor, un honor o la imposición de un deber, pero que en realidad es más una alegría altamente significativa, ser invitado a compartir el fruto de vivencias, reflexiones, experiencia, teoría y praxis de vida, en un libro. Pregunté el tema del libro y la respuesta, un poco genérica, fue “reflexiones sobre un enfoque holístico del ser humano”. Cuando por fin apareció en mi mail el libro, Agustín me sentenció: “tiene que estar el prólogo para tal fecha”. Con mucha curiosidad comencé a leer el libro de mis amigos, y sin gran sorpresa por la erudición, pues los conozco, pude constatar la diferencia con muchos libros que tratan sobre la situación humana. Corroboré la gran cultura y la cantidad de información que ambos manejan, los conocimientos de autores, fruto de muchos años de trabajo, lecturas, aprendizaje, preparación para compartir el saber. Muy sabroso, disfrutable y gozoso es leer experiencias de vida frescas, naturales, espontáneas, de primera mano, tal cual fueron experimentadas por quienes las vivieron. Casi se puede percibir la emoción, como si se estuviese conviviendo lo narrado. Muy interesante es la forma en que Agustín relaciona la energía con la expansión de la conciencia. La lectura de este capítulo me hizo pensar que el ser humano no es otra cosa más que la expresión culmen de la evolución del universo, donde conciencia y energía se han expandido a la par. Darse cuenta es adquirir conciencia. Cada partícula de conciencia es una carga de energía que dirige la atención hacia un propósito. Descubrir un propósito, una finalidad, una razón para ser, es expandir conciencia; mantener la visión, el rumbo, es acrecentar la energía con la que la vida se alimenta. Pero no hay expansión de conciencia sin emociones, ni hay energía humana sin emociones. No sólo lo racional es humano, no sólo lo que tiene explicación científica es humano. Mucho queda por descubrir, mucha conciencia por ampliar, mucha energía por expandir. Lo irracional es tan humano como que no todo puede ser definido. Un cañón no es un hoyo envuelto de acero. Hay que mantener la curiosidad para que la conciencia se expanda y la energía impulse. En la vida hay ámbitos de misterio, de zonas incógnitas, como selvas vírgenes que sólo esperan la osadía del aventurero de la vida para desplegar toda la belleza de nuevos horizontes. Los destinos no se escriben en un plan de carrera ni en un plan de sucesión, son mecánicos y circunscritos a universos pequeños. El Tenalpohuali, Libro de los Destinos, Calendario Azteca, sólo marcaba un camino de posibilidades, que cada cual tiene la libertad para modificar y cambiar. Y así es la vida para quien tiene la apertura de manejar la incertidumbre, la ambigüedad, el valor para atreverse a nunca detener la aventura de descubrir todas las posibilidades, alternativas, disyuntivas y adentrarse en el universo interior para expandir y trascender. En el capítulo sobre el amor, Jorge escribe sobre los diversos tipos de amor y, uno de ellos en particular se palpa al recorrer las páginas del libro. El amor es gozo cuadno fluye y encuentra a la persona amada, con receptividad y apertura para fluir en dos sentidos. Por parte de los autores, hay un proceso de amor. Ellos lanzan la energía amorosa con generosidad, en un ámbito que Jorge describe como el amor del convivio, del compartir, el AGAPÉ. Recorrer caminos juntos, disfrutar logros, es lo que se nos ofrece en este banquete de compartir una mesa muy bien servida de ideas estimulantes, experiencias, vasta información y referencias para ahondar en el saber sobre mí mismo. Resulta por demás sorprendente que leyendo las vivencias de Agustín y Jorge, uno comience a recordar las propias, descubriendo nuevos contextos de experiencias antiguas, con lo que se entra en un proceso de expansión de la conciencia sobre las vivencias personales. Agustín, entre textos de profunda reflexión, intercala preguntas que paran en seco el flujo de la lectura y como proyectil, sale disparado el diálogo interno para adquirir respuestas, indagar en los meandros del sentimiento y en lo profundo de la razón; qué hace uno con su vida, qué sentido tienen los eventos, en qué nivel de conciencia sobre la vida, el fluir, evolucionar, trascender, uno está. Las reflexiones sobre el trabajo, la actividad, su significado en la vida, los valores que animan e inspiran para ser productivo, contributorio, añadir valor, conservar lealtades sin sometimientos, mantener la cercanía con el otro, las hace Jorge con la hermosa metáfora del árbol, que conserva uno por largo tiempo en la memoria, como un esquema para apoyar el propio avance en la evolución personal hacia la trasendencia, entendiendo cuál es el lugar que corresponde a cada faceta que completa una vida humana con sus dolores, penas, sufrimientos, que con inspiración liberadora encuentra el sentido trascendente de la adversidad y sabe disfrutar con pasión de las cosas que tienen, de los logros, las alegrías, del amor filial, de la amistad, del enamoramiento de pareja en intimidad y plenitud, para comprometerse congruente y sólidamente con la vida. Este no es un libro de autoayuda, es un tratado de reflexiones sobre el ser humano universal que cada uno somos. Es un Ágape y un convivio con los autores en el regocijo de aprender, recordar, visionar, cómo ser la mejor persona que puedo llegar a ser. Del prólogo de Xavier Rodríguez.