Sus ojos miraban a Dios

Zora Neale Hurston

Novela 

 

“No hay agonía” escribió Hurston “como la de soportar una historia no contada en tu interior.” Janie Crawford, cuarentona con un “firme trasero como si portara toronjas en los bolsillos”, sus “beligerantes pechos” y su majestuosa serenidad, ha sobrevivido los años más tempestuosos de su existencia, enterrado a tres maridos y vuelto a casa para contar la historia. O al menos para contarla a su mejor amiga Pheoby, quien Janie sabe la transmitirá a los curiosos, pero envidiosos habitantes del enclave afro-americano de Eatonville (el pueblo natal de Hurston en los Everglades de Florida). La historia es la de tres hombres en sucesión que la esposaron y lastimaron en diferentes formas. Subsistió al último sólo porque consiguió dispararle primero. Este es el gran relato de supervivencia en las mujeres negras acosadas por mal clima y malos hombres. El libro no carece de algunos episodios decadentes en su prosa, pero ese es el precio de tomar tales riesgos con el lenguaje para llegar a los sitios encantados a los que Hurston nos transporta. 

Reseñado por Time. 

Portada de la novela Sus ojos miraban a Dios de Zora Neale Hurston
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