Mi vida, mi libertad

Ayaan Hirsi Ali

Autobiografía 

Reseñado por Litteratum

 

Para muchas personas, la figura de Ayaan Hirsi Ali es tan desconocida como la de cualquier diputado Ecuatoriano en Finlandia. Sin embargo, la vida de Ayaan resulta interesante desde dos perspectivas distintas. Primero, es una notable historia de crecimiento personal donde una mujer Somalí, destinada a la vida doméstica conforme a las costumbres de su familia, de su clan y de su religión, consigue forjar su propio destino, procurando la educación y oportunidades que en su cultura resultan no sólo inaccesibles, sino inapropiadas. La segunda, es el doloroso proceso de poner en tela de juicio las creencias religiosas que le han sido inculcadas desde la infancia. Nacida en el seno de una familia musulmana, Ayaan, junto con sus hermanas sufrió en carne propia el ritual de “purificación” al que son sometidas muchas mujeres Africanas y del Medio Oriente: la ablación del clítoris. Hirsi tenía cinco años de edad, su hermana mayor seis y la menor cuatro, cuando su abuela hizo los arreglos necesarios para la “circuncisión” de las tres niñas. Tras la amputación del clítoris, ambos lados de la vulva son cosidos a excepción de un pequeño orificio para la expulsión de orina, formando así un cinturón de castidad. 

La familia de Ayaan tuvo que recorrer un largo peregrinaje en varios países africanos a consecuencia de las actividades políticas de su padre, un opositor a la dictadura de Mohamed Siad Barre. Ayaan ingresó a una escuela religiosa donde debía memorizar y recitar pasajes del Corán en árabe, un idioma desconocido para ella. Aprendió que las mujeres no rezan al lado de los hombres, sino detrás de ellos a fin de evitar cualquier distracción que pueda incitar al pecado. Varias de sus compañeras, algunas con apenas 13 ó 14 años de edad, abandonaron el colegio para casarse con hombres elegidos por sus familias. Una de las influencias importantes de su juventud fue la hermana Aziza, a cargo de la instrucción religiosa en el colegio. Aziza cubría su cuerpo entero de negro y el énfasis de sus enseñanzas no radicaba en la memorización del Corán, sino en la sumisión ante los designios de Alá, la destrucción de los demonios judíos y el deber moral de salvar a los infieles cristianos del fuego eterno mediante su conversión al Islam. 

Bajo la influencia de su maestra, Ayaan pasó por un periodo de efervescencia religiosa en el que rezaba cinco veces al día y portaba un “hiyab” que la cubría de pies a cabeza. Sin embargo, no pudo evitar el cuestionamiento de costumbres y creencias que parecían contrarias a su razonamiento y voluntad. ¿Porqué un Dios justo desearía un trato injusto para las mujeres? ¿Porqué el testimonio de una mujer vale la mitad del testimonio de un hombre? ¿Porqué los infieles están condenados al infierno? El deseo de tomar control de su vida y tomar sus propias decisiones resultaba incompatible con el deber religioso de las mujeres musulmanas, donde la sumisión es considerada una virtud.

 El padre de Ayaan concertó para ella un matrimonio con Osman, un Somalí criado en Canadá. Ayaan apenas tuvo ocasión de entrevistarse brevemente con su prometido días antes de la boda. Tras la ceremonia, Osman partió de vuelta a Canadá. Ayaan debía alcanzarlo días después, pero se quedó en Frankfurt y de allí partió a Holanda, donde alteró su verdadera historia y nombre a fin de asegurar un status de refugiado. En poco tiempo, se liberó de algunos prejuicios moralistas como cubrirse el cabello, usar pantalones o nadar en una piscina pública en compañía de hombres y mujeres. Aprendió a hablar el Holandés y comenzó a trabajar en varios oficios operativos hasta que su dominio del idioma le permitió ganarse la vida como intérprete-traductor. Eventualmente, consiguió inscribirse en la universidad para cursar estudios de ciencia política y obtener una posición de investigador en un instituto perteneciente al partido laboral. Esta posición le permitió involucrarse en discusiones políticas sobre los criterios de inmigración, cuyo paternalismo entorpecía la integración social de algunos sectores y perpetuaba ciertos prejuicios como el rechazo a los homosexuales y el maltrato a las mujeres. 

Ayaan conoció al cineasta Theo Van Gogh en el 2003 y eventualmente trabajaron juntos en la elaboración de un corto sobre la posición de las mujeres en el Islam. El filme, titulado “Sumisión” sería el primero de una serie de cortos que abordarían la relación entre Dios y el hombre. Sumisión salió al aire el 29 de agosto de 2004 y el 2 de noviembre, Theo Van Gogh, bisnieto del famoso pintor holandés yacía muerto en una calle de Amsterdam. Su asesino, un joven extremista de origen Marroquí, le disparó varias veces con una pistola, intentó decapitarlo con una navaja y lo apuñaló repetidamente en el pecho. Sujeta por un puñal al cuerpo de Van Gogh, yacía una carta abierta dirigida a Ayaan en donde el agresor la acusa de ser un instrumento del mal y de haber emprendido una cruzada en contra del Islam. Ayaan tuvo que mantener su paradero en secreto durante varios meses. El costo de protección personal fue tan alto que se estableció la “Fundación para la libertad de expresión” destinada a solventar los gastos de Ayaan y otros disidentes. 

En mayo del 2006, un programa televisivo reveló que Ayaan había proporcionado información falsa en su aplicación de asilo. Tras reconocer la veracidad de esta información, Ayaan renunció al parlamento, pero las consecuencias políticas de la controversia afectaron seriamente la carrera de Rita Verdonk, una ministra especialmente designada para abordar los problemas de migración. En adición, uno de los tres partidos gobernantes retiró su participación en la coalición, seguido por la renuncia del primer ministro al día siguiente. Ayaan se mudó a los Estados Unidos tras aceptar una posición en el American Enterprise Institute. En su edición del 2005, la revista Time incluyó a Hirsi Ali como una de las mujeres más influyentes del mundo en su edición del año 2005 y Reader’s Digest la nombró “Europeo del año” en el 2006.


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