Las benévolas

Jonathan Littell

Novela 

Reseñado por Litteratum

 

Maximillian Aue es un hombre maduro que dirige una fábrica de encajes en Francia. Armado de varios cuadernos escolares, decide escribir sus memorias. La historia se remonta al frente Soviético en la segunda guerra mundial, cuando Aue era un joven doctor en derecho que engrosaba las filas de las SS. Sin experiencia alguna en el campo de operaciones, la carrera del oficial Alemán se apartará del copiado de expedientes jurídicos para adentrarse gradual y fortuitamente en la política de exterminio contra los judíos y demás minorías “indeseables” en los territorios ocupados por el tercer Reich. La experiencia adquirida en Ucrania y Stalingrado le permitirá escalar posiciones dentro del intrincado aparato burocrático de las SS y codearse con oficiales de alto rango, como Heinrich Himmler y Adolf Eichmann. 

No obstante su participación en la masacre, el doctor Aue difiere en muchos aspectos de la ideología nazi y mantiene una postura crítica sobre las decisiones del partido. Poseedor de una vasta cultura, la narrativa del ex-SS Obersturmbannfürher se encuentra plagada de referencias literarias y musicales, entre ellas, la estructura misma de la novela, cuyos capítulos hacen referencia a una danza barroca (tocata, aire, giga, etc.) 

Herido de gravedad en la batalla de Stalingrado, Aue es transportado a Berlín. Una vez allí, decide visitar a su madre, quien radica en Antibes con Moreau, su segundo esposo. A la madre y el padrastro de Aue los acompañan unos gemelos de corta edad que son vagamente presentados como los hijos de una amiga. Ante la habitación vacía de su hermana gemela Una, el doctor Aue evoca incestuosos encuentros abruptamente interrumpidos por el descubrimiento de sus padres y el consiguiente exilio a internados religiosos. No volverán a encontrarse hasta tres años después, durante las vacaciones de Pascua y bajo la escrupulosa vigilancia de su madre. Pero aquel breve encuentro ratificará la extraña obsesión de Aue, quien mezcla indiscriminadamente sus recuerdos sexuales con fantasías eróticas, confundiendo su propia identidad con la de su hermana en una grotesca orgía. 

Antes de partir, Aue descubre los cuerpos inertes de Moreau y de su madre. Horrorizado, abandona la ciudad sin reportar el crimen ni preocuparse por los gemelos, que han desaparecido y cuya identidad continuará atormentándolo (Es posible que los gemelos sean el producto de los encuentros incestuosos de Aue con Una). 

Durante la caída de Berlín, Aue consigue la documentación que le permitirá escapar del asedio ruso. Gracias al dominio impecable del Francés logra escabullirse a la provincia Gala en donde contacta a un primo suyo que le ofrece empleo como vendedor de encajes. Aue se inicia en el comercio y renuncia voluntariamente a ejercer el derecho, regresar a Alemania y aún reclamar una pensión de ex combatiente, todo lo cual habría podido obtener sin mayores complicaciones. A excepción de ocasionales fantasías de asesinatos en sitios públicos y el impulso de vomitar sin motivo aparente, Aue se ha incorporado a la vida cotidiana sin remordimientos ni sobresaltos. 

Desde su publicación en 2006, “Las benévolas” ha despertado una polémica cuyos contrastes corresponden plenamente al contenido de sus páginas. En efecto, se trata de una novela con pasajes repelentes, pero es también una obra de incuestionable mérito literario que obtuvo el premio Goncourt y el de la Academia Francesa en el mismo año. 

En adición a su calidad literaria, la novela de Littell posee dos grandes cualidades. La principal es la verosimilitud con la que construye el dilema moral del Doctor Aue. Sus motivaciones no son impulsadas por el adoctrinamiento de un credo ni por el prejuicio de un odio racial, sino por la fuerza de las circunstancias en las que se ve atrapado. Sin pretender eludir su responsabilidad en los hechos asegura que lo que él hizo, lo habríamos hecho nosotros también.

La segunda cualidad notable de “Las benévolas” es la minuciosa investigación sobre el engranaje burocrático del régimen nazi. La familiaridad con la que Littell aborda el tema es comparable a la empleada por Mika Waltari en “Sinuhé el egipcio”. De hecho, los acrónimos y graduaciones militares son tan abundantes que el editor de la edición española (RBA) tuvo a bien incluir un glosario de términos y una tabla de equivalencias. 

A pesar de sus enormes cualidades, la novela de Littell no es material de lectura para todos. Aube describe numerosas atrocidades con inaudita crudeza. Sus encuentros homosexuales parecen extractos de alguna novela de Jean Genet y las sórdidas fantasías sexuales ocupan buena parte del penúltimo capitulo, donde consigue insertarse una vela prendida en el ano para sentir las gotas de cera caliente sobre las nalgas, imagina a su hermana cubierta de excremento y sale desnudo al bosque para sodomizarse con la rama de un tronco caído, entre otras curiosidades. 

Hacia el final de la novela, la sólida estructura de Littell muestra algunas quebraduras. Por ejemplo, los policías que investigan el asesinato de los padres de Aube, se empeñan en perseguirlo con un celo tan inverosímil y obstinado que parecen inspirados en los obtusos asistentes del agrimensor en “El Castillo” de Kafka. O bien, el episodio donde Aue, irritado por el fétido aliento de Hitler, decide propinarle un mordisco en plena nariz.

El título de la novela alude a las Erinias de la mitología Griega que persiguieron a Orestes por el asesinato de su padre. Cuando Orestes es absuelto, renuncian a su persecución y adquieren el nombre de Euménides (benévolas).

 

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