Hoy no puedo

Juan F. Plaza

Fragmento 



Bebió un trago de leche directamente de la botella y cerró la nevera. Arrancó el pósit de la puerta y buscó su bolso. Estaba descalza y el suelo se sentía más frío de lo normal. 

Salió de la cocina y subió al piso de arriba para mirar en la habitación, entre la ropa amontonada en la silla. El perro se había subido a su cama y cuando ella entró levantó la cabeza, pero no se movió. Por fin recordó que la noche anterior lo había dejado en el salón, junto a la chimenea.

Se puso un par de calcetines gruesos de lana, regresó a la cocina y volvió a pegar la nota en la nevera. Se sentó sobre la mesa y marcó su número.

—¿Sergio?

—¿Sí?

—Soy Irma. He visto tu nota.

—No me llames al trabajo.

—Perdona, es solo un momento. Es por la nota.

—Mejor al móvil.

—Sí, perdona. Ya lo sé. No te entretengo.

—¿Tú no estás trabajando?

—He pedido esta semana libre. Javier presenta su libro. Me acabo de levantar y he visto el pósit en la nevera. ¿Cuándo has venido?

—Entré esta mañana pronto a recoger la caja del garaje. Usé mis llaves. 

—¿Estaba todo? Creo que puse todo lo que me pediste. También el vestido de flores —dijo susurrando las últimas palabras.

—¿Ha visto él la nota? —preguntó Sergio.

—No, pero casi. 

Se hizo un silencio breve que rompió Irma.

—¿Vas a comer con ella? Porque puedes…

—Mabel es mi jefa —interrumpió él—. En el trabajo guardamos las distancias.

—Sergio, no digas tonterías. Todo el mundo ya sabe que sois pareja.

—Sí, pero no es lo mismo saberlo que mostrárselo a to-do el mun-do —repitió él parándose en cada sílaba—. Es una profesional.

Irma se retorció de risa sobre la mesa de la cocina. Tuvo que apoyar un pie en el suelo para no caerse.

—No te rías.

—No, perdona, perdona otra vez. Sí, es verdad, seguramente es mejor para vosotros que ella no te dé besitos cuando pase por delante de tu escritorio.

—No me da “besitos”.

—Pues a los míos no les haces asco.

—Irma…

—¿Qué has querido decir con tu nota?

—Pues está bien claro.

—Sí, bueno, es concisa, eso sí. “Hoy no puedo”. Pero sigo sin saber qué quieres decir —dijo la chica ahogando un bostezo—.