El túnel

Ernesto Sabato

Novela 

Reseñado por Litteratum

 

Juan Pablo Castel, un solitario pintor, se declara culpable de asesinato y narra la historia de su crimen con la esperanza de que alguien logre comprenderlo. Confiesa también, que la única persona que podía hacerlo era precisamente su víctima, María Iribarne. 

La historia comienza en la ciudad de Buenos Aires, donde Castel participa en una exposición de pintura con un cuadro que lleva por título “Maternidad”. Su obra incluye una diminuta ventana que permite vislumbrar a una mujer observando el mar, un detalle que constituye para Castel, la parte esencial del cuadro. En primer plano, otra figura de mayores proporciones ocupa la mayor parte del lienzo. Nadie presta atención a la ventana, excepto una joven que permanece largo tiempo observando la escena. Su desaparición entre la multitud provoca un fuerte desasosiego en Castel, quien comienza a obsesionarse por hallarla de nuevo. Un encuentro casual en la calle le permite entablar su primera y accidentada conversación. Posteriores llamadas telefónicas acrecientan su deseo de verla, solo para descubrir que María se ha marchado a una estancia familiar. Sin embargo, ha dejado una carta dirigida a él. Castel recibe la carta de manos de su marido, un ciego cuya existencia desconocía hasta entonces. Comienza a hundirse en un diálogo interno donde sus preguntas no hallarán respuesta. La carta de María es en realidad una breve nota donde confirma que ella también piensa en él, una correspondencia a la declaración hecha por Castel durante su última conversación telefónica. Días después, María vuelve a la ciudad y comienzan a frecuentarse con regularidad. Castel se muestra ansioso y posesivo, María parece coincidir con sus sentimientos, pero se expresa con vaguedad en términos que a menudo consiguen exasperarlo. Los ulteriores encuentros en su taller no consiguen atenuar las inseguridades de Castel, quien se vuelve posesivo y violento. Tras uno de sus acostumbrados interrogatorios, esta vez sobre los afectos de María con respecto a su propio marido, sobreviene un rompimiento. Castel, arrepentido de su crueldad, la busca, pero ella lo evita. Finalmente, María responde a una de sus cartas, invitándolo a la estancia. Castel es recibido en la estación por un chofer. La ausencia de María lo irrita y titubea entre devolverse a Buenos Aires o quedarse allí. Previendo lo tormentoso que resultará un viaje de regreso a la ciudad, decide acompañar al chofer a la estancia, donde conoce a Hunter, un primo de María. Aguijoneado por los celos, Castel concluye que Hunter es amante de María y parte abruptamente a la ciudad sin despedirse. De vuelta en casa y tras ingerir una considerable cantidad de alcohol, escribe una carta donde la acusa de acostarse con su marido, con Hunter y con él. Tras depositarla en la oficina de correos, reflexiona sobre lo injusto de la acusación y procura inútilmente recuperar la carta. Decide entonces llamar a María para disculparse, pero el tono de la conversación deriva nuevamente en un torrente de reproches, amenazas de suicidio y la imperante necesidad de encontrarse con ella al día siguiente. Tras expresar la inutilidad del encuentro, María accede a la reunión para el día siguiente. Nuevamente, Castel se hunde en intrincadas reflexiones que solo consiguen exacerbar su endeble estado anímico. María no se presenta a la cita y cuando intenta llamarla por teléfono le informan que se ha devuelto a la instancia. Furioso, Castel regresa al estudio para destruir sus pinturas con un cuchillo de cocina. Esa misma tarde, emprende en auto el camino a la estancia. Oculto entre los árboles, observa a María y a Hunter bajar juntos la escalinata. Van tomados del brazo y emprenden un paseo por el parque hasta que la lluvia los obliga a resguardarse en la casa. Las sospechas de Castel parecen confirmarse cuando solo la habitación de Hunter se enciende en la obscuridad. Castel irrumpe en la habitación de María para apuñalarla repetidas veces en el pecho y en el vientre. De vuelta en Buenos Aires, se reúne con Allende, el marido ciego de María para echarle en cara su engaño. El hombre intenta inútilmente sujetar a Castel, quien parece complacido por el sufrimiento que ha conseguido infringir. “Insensato”, repite continuamente el ciego, una palabra cuyo significado Castel procurará descifrar en la soledad de su celda. 

Publicada en 1948, El túnel es la primera novela de Ernesto Sabato. Admirada por escritores de enorme calibre como Thomas Mann y Albert Camus, logró captar la atención de la crítica internacional. El desmoronamiento interno de Castel conforma el hilo conductor de la trama, de manera que la descripción de sus actos se convierten en simples consecuencias de su intrincada lucha interior. Un elemento no menos importante en la novela es el misterio que rodea a los personajes y sus motivaciones. Lo que se calla consigue balancear el peso de la narrativa al lado opuesto de lo que se dice. Desconocemos por completo los motivos de María para soportar los malos tratos de su amante, ignoramos los detalles de su relación con su marido,  y su primo,  no sabemos porqué decidió regresar a la estancia ni porqué afirma a menudo que hace mal a todos los que se acercan. A excepción del pintor, quien descubre sus retorcidas elucubraciones con lujo de detalle, los demás personajes son como el primer plano en el cuadro de Castel. Ocupan un espacio en el lienzo, pero están trazados con líneas que se desvanecen, insinuando apenas las formas que cada espectador interpretará a su gusto. 

 

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