El sueño del celta

Mario Vargas LLosa

Novela

Reseñado por Litteratum 

 

Nacido en un suburbio de Dublín perteneciente a la Irlanda protestante y pro-británica de mediados del siglo XIX, Roger Casement no tuvo dificultad en convencerse de que llevar al África los productos europeos ayudaría al progreso de aquellos pueblos hundidos en la prehistoria. Al cumplir 20 años de de edad, se embarcó con rumbo al continente Africano, en el que permanecería otros 20 años más. El joven Casement tuvo la oportunidad de participar en una expedición financiada por Leopoldo II y poco tardaría en descubrir que la presencia occidental en aquellos parajes estaba lejos de procurar el bienestar de sus habitantes. Su labor consistiría en hacer firmar a los caciques locales contratos en los que se comprometían a entregar sus tierras, apoyar con mano de obra la construcción de caminos, puentes y embarcaderos así como alimentar a los funcionarios y peones, todo ello sin retribución alguna a cambio. 

En febrero de 1885, las 14 potencias participantes en la conferencia de Berlín, otorgaron oficialmente el territorio al monarca Belga para que abriera el Congo al comercio europeo y civilizara a sus 20 millones de habitantes. Unos 250,000 kilómetros cuadrados de tierras ricas en caucho, fueron excluídas de toda concesión privada para ser explotadas exclusivamente por el soberano como domaine de la couronne. La aventura africana de Casement lo llevará a recorrer sitios como Nigeria, Maputo y Angola para finalmente servir como cónsul de Gran Bretaña en Boma. A su paso encontrará una y otra vez las mismas historias de explotación y abuso colonial. Los castigos por incumplir con la cuota establecida de caucho o alimentos para la guarnición variaba entre 20 y 100 azotes. Cuando los aldeanos huían, sus familias eran las que sufrían las consecuencias, pues debían quedar en calidad de rehenes en las maisons d'otages. El abuso se acrecentaba por la corrupción de agentes gubernamentales que incrementaban las cuotas para hacer negocios personales con la diferencia. En algunas aldeas, los pobladores llegaban al extremo de vender a sus hijos para alcanzar la cuota mientras que otras, eran exterminadas por completo por incitar la rebelión. 

La publicación de su informe sobre el Congo tuvo un enorme impacto en la opinión pública y ensanchó su prestigio como paladín de la causa humanitaria. El gobierno Británico lo condecoró y algunos sectores de la sociedad exigieron revocar la entrega del Congo a Leopoldo II. Las injusticias del colonialismo despertaron en Cassement el resentimiento de saberse ciudadano de una nación explotada por el imperio, iniciando un proceso de enmienda sobre las antiguas creencias pro-Británicas adquiridas en la casa paterna. Al concluir su estancia en África, aceptó una nueva asignación en Brasil, donde permanecería durante los siguientes cuatro años. Fue allí donde escuchó por vez primera las historias de violencia en las regiones caucheras, donde la Peruvian Amazon Company, liderada por Julio C. Arana, era señalada como la principal responsable de los abusos. El imperio de Arana se extendía por las vastas regiones del Putumano. Divididas en estaciones, cada cual contaba con un responsable que organizaba la colecta de caucho. La población indígena era reclutada a la fuerza y cuando fallaban en cubrir la cuota, no habían jueces ni policías que impidieran a los jefes de estación aplicar los castigos que estimaran necesarios. Así, los reportes acusaban flagelaciones, torturas, amputaciones y asesinatos. 

Cuando el número de víctimas comenzó a contarse por millares, se organizó una comisión enviada por la Compañía del Sr. Arana en la que Roger Casement participaba como representante del gobierno Británico. En agosto de 1910 llegaron a Iquitos, para de allí visitar las principales estaciones. A lo largo del recorrido, Casement documentó las prácticas de los administradores para recolectar el caucho, como las incursiones en pueblos indígenas o "correrías" donde capturaban a quienes estuvieran en condiciones de trabajar. Las cicatrices del látigo en las espaldas y el trasero, la marca del fuego o el cuchillo con las iniciales de la Compañía para evitar su escape o robo a manos de los caucheros Colombianos. El cepo que aparecía recurrentemente en las estaciones, donde la víctima era inmovilizada y torturada mediante el ajuste de las barras de madera o suspendiendo el cuerpo en el aire. Las balanzas alteradas para incrementar las comisiones de los administradores y los castigos por no cumplir las cuotas, que variaban del látigo al cepo, la mutilación de orejas y narices o en casos extremos, la tortura y el asesinato del recolector y su familia. 

Casement terminó su informe sobre el Putumayo en marzo de 1911. Su publicación al año siguiente produjo un revuelo en varias partes del mundo. El desprestigio de la Peruvian Amazon Company, aunado a la creciente competencia del caucho asiático, provocaron el derrumbe de sus acciones en la bolsa. Muchos bancos le cortaron el crédito y exigieron el pago de los compromisos pendientes. Sus acreedores consiguieron congelar sus cuentas bancarias y muchos importadores de caucho se negaron a comerciar con él hasta que cesara la explotación de mano de obra esclava. Casement rechazó el ofrecimiento de retomar el consulado en Río de Janeiro y tras presentar su renuncia partió hacia Dublín. Comenzó a escribir en contra de los unionistas del Ulster y a participar en diversas manifestaciones como orador político. Su fervor nacionalista se fue radicalizando hasta convencerse de que Irlanda sólo conseguiría la independencia mediante un movimiento armado. 

Cuando inició la primera guerra mundial, Casement estaba convencido de que un levantamiento armado en Irlanda tendría éxito si conseguían entablar una alianza estratégica con Alemania. Consiguió negociar una acción simultánea en los puertos ocupados por la marina inglesa así como el envío de armamento en un buque con enseña noruega. Casement consiguió desembarcar en la bahía de Tralee, pero fue capturado y condenado a muerte por traición. El armamento nunca llegó a manos de la insurrección ya que el navío fue interceptado y capturado por los ingleses. Casement murió ahorcado en una prisión de Londres el 3 de agosto de 1916. 

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