El nombre de la rosa

Umberto Eco

Novela 

Reseñado por Litteratum

 

En el monasterio de Melk, un monje benedictino llamado Adso registra las memorias de su juventud en la Italia del siglo XIV. Asignado al servicio de William de Baskerville, lo acompañará en su recorrido por diversas ciudades hasta llegar a un abadía benedictina cuyo imponente Aedificium alberga una de las bibliotecas más importantes de la cristiandad. 

La misión de William consiste en organizar una reunión entre la legación imperial y los representantes del pontífice para discutir sus diferencias en torno a la predicación franciscana sobre la pobreza, percibida por Juan XXII como una amenaza al poderío terrenal del papado. A pesar de ser ideológicamente opuestos, los benedictinos de la abadía habían otorgado refugio a los franciscanos para restar poder al creciente poderío del papa y los obispos en las ciudades. Mientras tanto, el abad, aprovechando la experiencia previa de William como inquisidor, solicita su ayuda para resolver la muerte de Adelmo de Otranto, un joven monje hallado muerto en los peñascos al pie del Aedificium. William, asistido por Adso investiga lo que aparenta ser un suicidio cuando el cuerpo de otro monje es hallado en una enorme vasija que contiene sangre de cerdo, destinada a elaborar morcillas. Esta vez, el cuerpo corresponde al de Venantius de Salvemec, un experto en Griego que trabajaba en la biblioteca. 

Las pesquisas de William le permiten entablar relación con diversos personajes de la abadía, como Remigio de Varagine, el mayordomo del monasterio y Salvatore, su ayudante, Severinus de Sankt Wendel, el herbolario, Nicolás de Morimondo, el vidriero, Jorge de Burgos, uno de los monjes más venerables en la comunidad, Malachi de Hildesheim, el bibliotecario y Berengar de Arundel, su asistente. 

Los asesinatos giran en torno a una pasión de Berengar por el joven Adelmo, quien acepta intercambiar favores carnales a cambio de acceso a uno de los libros prohibidos de la biblioteca. Atormentado por la culpa, Adelmo se arroja por un ventana del Aedificium. William y Adso saben que Venantius conversó con Adelmo momentos antes de su muerte y especulan que su curiosidad por la obra prohibida lo condujo también a su fin. 

Alinardo, el monje más anciano en la abadía, relaciona las muertes con el Apocalipsis de San Juan. Con la primera trompeta llegará el granizo, con la segunda, parte del mar se convertirá en sangre y la tercera anuncia la caída de una estrella ardiente sobre la tercera parte de los ríos y fuentes. En efecto, el cadáver de Berengar es hallado sumergido en una bañera. Sin embargo, no hay señales de violencia y el único detalle en común con la muerte de Venantius es la presencia de manchas oscuras en la punta de los dedos. En el cuerpo de Berengar, la lengua está también oscurecida lo cual parece indicar la ingestión de algún veneno con su propia mano. 

La delegación franciscana, precedida por Miguel de Cesena, ministro general de la orden, llega a la abadía un poco antes que la delegación papal, representada por el cardenal Bertrand del Poggetto y el dominicano Bernardo Gui, ambos miembros de la inquisición. Informados sobre los asesinatos, Gui ordena a sus arqueros patrullar la abadía de noche y sorprenden a Salvatore, el asistente de Remigio, introduciendo furtivamente a una joven en la cocina de la abadía. Salvatore es acusado de brujería por encontrarse en posesión de un gato negro, un gallo y un par de huevos con los que pretendía elaborar un hechizo que le permitiera seducir mujeres. 

Aunque la reunión inicia cordialmente, las opuestas opiniones sobre la pobreza de Cristo, los apóstoles y la iglesia misma, hacen que la discusión se acalore hasta ser interrumpida con la noticia del asesinato de Severinus. Alguien lo ha golpeado en la cabeza con una esfera armilar siguiendo nuevamente el texto apocalíptico en donde la cuarta trompeta anuncia que fue golpeada la tercera parte del sol, la luna y las estrellas. Remigio de Varagine es arrestado por hallarse en la escena del crimen revisando los anaqueles. Ante la amenaza de tortura, Remigio confiesa haber pertenecido a la secta de fra Dolcino, un hereje que pretendía derrocar el orden eclesiástico por la fuerza. También confiesa ser el autor de los asesinatos ante la presión de Gui, quien ha salido victorioso al capturar un franciscano herético y asesino. 

Al día siguiente, durante los rezos del maitines, el bibliotecario se desploma y sujetando a William por la sotana, murmura: “Me lo había dicho…era verdad…tenía el poder de mil escorpiones…” antes de morir con los dedos de una mano y la lengua ennegrecidas. La quinta trompeta del Apocalipsis anuncia la aparición de langostas con aguijones como el escorpión. 

El abad, preocupado por la reputación de su recinto, suspende la investigación y da por terminada la misión de William instándolo a que se marche. Sin embargo, William y Adso incursionan una vez más en la biblioteca donde encuentran a Jorge de Burgos, el instigador de los asesinatos. Años atrás, Jorge halló una copia del segundo libro de la Poética de Aristóteles y tras leerlo, lo robó para esconderlo en la biblioteca de la abadía. En su radicalismo, Jorge teme que el contenido del libro se conozca entre los letrados porque elogia la comedia y la risa. Ante el prestigio de Aristóteles, la risa se convertiría en objeto de estudio y filosofía incursionando en el mundo de los doctos. La risa distrae del miedo y por tanto, aparta a los hombres de la ley, impuesta mediante el temor a Dios. Por tanto, cuando Berengar usa el libro para seducir a Adelmo, Jorge decide envenenar las páginas del libro con una sustancia robada del laboratorio. El veneno forma una masa viscosa que pega las páginas, obligando al lector a humedecerse los labios. 

Sintiéndose perdido, Jorge arranca porciones de hojas para devorarlas y morir envenenado. En el forcejeo por la posesión del libro, el aceite de una lámpara cae sobre una pergamino causando un incendio que arrasa con la biblioteca, la iglesia, los establos, la abadía completa.

 

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