Concierto barroco

Alejo Carpentier

Novela

Reseñado por Litteratum 

 

A principios del siglo XVIII un minero que ha forjado su fortuna con el auge platero del México colonial emprende un viaje de placer al viejo continente. Acompañado de Francisquillo, su criado, se embarcan en Veracruz hacia La Habana, ciudad que encuentran acosada por diversas epidemias que al cabo de pocos días darán cuenta del criado. El amo encuentra substituto en un cuadrerizo negro que en sus ratos libres gusta de cantar irreverentes versos en el patio de las mulas. 

Como en Europa se ha puesto de moda tener pajes negros, el amo no duda en hacerle un ofrecimiento tras indagar con el posadero que responde al nombre de Filomeno, el nieto de un esclavo que alcanzó la libertad en recompensa a su feroz acometida en contra de un pirata francés. Acompañado de Filomeno, el amo llega a la ciudad de Madrid, en donde visita asiduamente los prostíbulos y las tabernas. Desilusionado con la ciudad, se empeña en criticar la deslucida condición de sus calles, la pobreza de objetos en las tiendas y sobre todo, el que un señor de su condición deba aliviarse con putas. Su aburrimiento lo decide a recortar su estancia en Madrid y emprender viaje hacia Italia, en donde pronto comenzará el carnaval de Venecia. Disfrazado de Moctezuma, conoce en una taberna a un fraile pelirrojo que resulta ser Antonio Vivaldi. Tras entablar una animada conversación sobre la suerte del emperador azteca, se les une un amigo del fraile, George Frederick Händel, quien viene acompañado de un napolitano. 

Los cuatro, ya bien entrados en copas y acompañados por Filomeno, se dirigen al Ospedale della Pietá donde una monja los conduce a la gran sala de música. Entre las sombras surgen las soñolientas figuras de numerosas jovencitas que Vivaldi presenta a sus compañeros como las integrantes de una orquesta. Händel se coloca ante el teclado del órgano, el napolitano, quien resulta ser Doménico Scarlatti, se apodera de un clavecímbalo y el propio Vivaldi, empuñando un violín sacude vigorosamente el arco para iniciar un memorable concerto grosso atestiguado únicamente por el falso Moctezuma y Filomeno, su asombrado paje. 

Al romper la mañana, un barquero los conduce al pie de unos cipreses que crecen al lado de un cementerio, donde podrán desayunar tranquilamente las viandas que la hermana tornera les ha traído en dos cestas. La historia de Moctezuma vuelve a acaparar la conversación y el entusiasmo de Vivaldi por transformarla en un drama operístico resurge con energía. Ya bien entrada la mañana, el amo y Filomeno regresan a la hospedería donde el primero se sumerge en un prolongado sueño. Desde la torre del reloj, los mori anuncian la hora con sus martillos de bronce, pero es el criado quien interrumpe el sueño de su amo para anunciarle que el ensayo final de la ópera está por comenzar. 

Instalados en la penumbra de un palco, atestiguan el drama operístico que Vivaldi, acompañado de su violín, conduce desde el puesto de Director. En la escena inicial, un puente separa el palacio de Moctezuma del atracadero español ante los vestigios de una reciente batalla. El emperador azteca, empuñando una espada, lamenta el revés de la fortuna acompañado de Anna Giró, la querida de Vivaldi, quien interpreta a la mujer de Moctezuma. Al poco aparece Teutile, un general del ejército mexicano que para sorpresa del amo, no sólo adquiere forma femenina en el escenario, sino que pretende contraer nupcias con Ramiro, el hermano menor de Hernán Cortés. La sorpresa del amo se transforma en indignación cuando descubre que la versión operística de Teutile no representa al general azteca, sino a la hija de Moctezuma, quien deberá sucumbir en sacrificio para evitar ser mancillada por el enemigo. No obstante, Teutile prefiere quitarse la vida en presencia de Cortés y atraviesa el puente que la separa del invasor. El emperador lanza una flecha hacia el conquistador y se arma un tremendo jaleo que precede a un vigoroso llamado al combate por un general azteca llamado Asprano. La batalla entre los ejércitos se desarrolla sobre el lago de Texcoco con todo y la caballería que irrumpe sobre el foro entre estridencias de clarines y pirotecnias de alto vuelo. La ópera culmina con un Hernán Cortés vencedor, perdonando a sus enemigos y sellando una eterna amistad entre aztecas y españoles. Moctezuma jura fidelidad eterna al Rey de España, se celebran las bodas entre Ramiro y Teutile, el triunfo de la paz y la prevalencia de la verdadera fe. 

El amo arremete indignado contra Vivaldi por la falsedad de la historia y emprenden una acalorada discusión en donde el primero defiende los hechos históricos y el segundo la ilusión poética. Tras la experiencia operística, el amo decide partir nuevamente, pero esta vez sin la compañía de Filomeno. Ambos se despiden en la estación del ferrocarril, cuya partida transforma el tiempo de la ciudad, envejeciéndola en pocos segundos. Filomeno, quien le ha tomado gusto a la trompeta, se dirige al teatro donde se presenta Louis Armstrong para presenciar un “concierto barroco al que, por inesperado portento, vinieron a mezclarse, caídas de una claraboya, las horas dadas por los moros de la torre del Orologio”. 

Concierto barroco es un armonioso encuentro de estilos, tiempos y situaciones cuya convergencia es sólo posible mediante la creación literaria. La influencia surrealista de Carpentier, quien colaboró en la revista Révolution surréaliste a petición del mismísimo André Breton, se manifiesta en esta novela con un desordenado transcurso del tiempo y episodios como el del cementerio veneciano, donde Vivaldi y Händel discuten la obra de Stravinsky. El extravagante argumento de la ópera justifica la indignación del amo, pues corresponde fielmente al libreto que Girolamo Giusti, sin contemplación alguna por la realidad histórica, escribió para el “Motezuma” de Vivaldi. La partitura se descubrió recientemente en Ucrania y se reestrenó en el año 2005, un intervalo superior a los 270 años desde su estreno original en Venecia.  

 

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